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viernes, 9 de abril de 2010

lo que el diseño no es

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Una frase de Gui Bonsiepe del pasado Congreso de Diseño e Innovación de Cataluña resuena aún: "el diseño debe perder simbolismo"

Pues bien, en el libro "El lenguaje de las cosas" de Deyan Sudjic, se vuelve a hacer referencia a esta parte del diseño industrial o el diseño de producto que es la que más se ve y desde mi humilde punto de vista más daño hace, la exclusivamente simbólica.
Sudjic en su libro hace una reflexión sobre qué objetos o diseños aparecen en el Salón del Mueble de Milán y dice textualmente: "Habían creado objetos que no tenían nada que ver con la resolución de ningún tipo de problema. Producían cosas que eran básicamente inútiles, en un número de unidades reducido y a precios desorbitados (...) Diseñar una buena silla de dos mil dólares es mucho más fácil que diseñar una buena silla de veinte"

Es ese simbolismo de objetos salidos de los estudios de Arad, Lovegrove, Zaha Hadid... son los que lastran la humilde y sincera función del diseño coherente.
Sudjic sin complejos los califica como malos diseños que no cumplen función alguna. Quizá es que han pasado de ser malos diseños a convertirse en buen arte, ya que nadie puede negar que determinados objetos ya forman parte de subastas junto con esculturas o lienzos.

Otra reflexión parte del Estudio San Serif Creatius, que nos hacía pensar en si seríamos capaces de identificar qué muebles corresponden a qué Feria si agitásemos en una cocktelera los muebles de las últimas 5 Ferias del Mueble de Valencia.

También hace pocos días a través de twitter, el ICEX promocionaba su campaña del mueble infantil español y pensabamos: otra vez los de siempre (aunque había otros)... porque la gran mayoría de los diseños volvían a ser de Agatha Ruiz de la Prada o de Mariscal y con todos los respetos, me parecen más simbólicos dichos muebles que basados problemáticas reales. Lo peor: que las empresas que encargan los diseños, quizá lo que más deseen es que sean así de simbólicos.

Y como decía Bonsiepe, para ver el futuro de diseño industrial debe redimensionarse la relación entre los valores simbólicos y los reales.

domingo, 22 de noviembre de 2009

125 años de navaja multiusos


De lo que no cabe duda es que éste es un producto que perdura en el tiempo. La navaja suiza Victorinox ha servido como bisturí de urgencia en un vuelo doméstico en India. Los astronautas del transbordador espacial Discovery la usaron para arreglar un ordenador averiado que registraba los datos de dos telescopios. El médico canadiense John Ross la utilizó en la década de los 90 para operaciones de emergencia en Uganda. Ejemplos de uso de un producto diseñado como la navaja suiza reglamentaria del ejército de su país.

Ahora la empresa la dirige la cuarta generación y han añadido detalles y prestaciones a la navaja, han mejorado su proceso de fabricación y han creado un catálogo con más de 360 modelos dotados de hasta 80 funciones: altímetro, cronómetro, linterna, desailador (pelador) de cables, un USB... Uno de sus alardes imaginativos está reflejado en la "Campeona Suiza", que con 33 funciones, que abarcan desde un desprendedor de peces del anzuelo hasta una pinza, es una pieza que se encuentra en la Colección de Diseño del Museo de Arte Moderno de Nueva York.


¿Podrán algún día ser así de útiles todos los productos que se desarrollan para el ejército y acabar ocupando un lugar en una estantería de un museo de diseño como producto de uso cotidiano? Lo dudo.

jueves, 14 de mayo de 2009

ingo maurer




Este diseñador alemán domina el mercado y el marketing. Le conocen en el Moma y en la tienda de lámparas de diseño de tu ciudad. Está en la historia del Diseño del s.XX. Domina desde colocarle unas alas a una bombilla y que sea un icono del diseño actual, hasta realizar una performance en el Aeropuerto de Toronto con agua y luz o
crear conceptos con efectos especiales en iluminación para los desfiles de Issay Miyake. Ilusa de mí pensé: o lo hace todo muy parecido o los días de este hombre tienen 48 horas...no, no era eso... es que trabajan con él nada menos que 84 personas, luego el hombre pasa de ser un diseñador a ser una marca... me quedo más tranquila.

Es que cuando entré en la web y leí la historia, me confundí un poco, porque era la historia del propio Ingo, no la historia del Estudio.

Era lógico pensarlo, pero como se desprende de muchos de sus comentarios que es artista, pensé que igual sólo hacía lámparas y lámparas sin parar y que iba con el polímetro a ver si aquel cable que le dejaron allí tenía corriente.

Bromas aparte, igual es esta la tendencia, que el diseñador sea la marca y ponga el concepto y que los 84 restantes se dejen la piel para que aquel boceto funcione y sea técnicamente viable... uy!... esto me suena a historia del Gugemheim de Bilbao, igual es que pasa bastante a menudo...

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